II

¿Ves este castillo en máxima grandeza?

¿Ves la plenitud en mi nueva apariencia?

¿La ráfaga de premios que mi mano alcanza?

¿Ves a los demás tratarme en alabanzas?

¿Ves cómo dispongo de pagados placeres?

¿Lograr fiel fortuna desde mis deberes?

¿Me notas en la cima, en la mejor edad?

¿A seres señalarme como a una deidad?

Pues todo resulta de la paz confusa

que me he elaborado en la espera ilusa.

Anhelarte cerca ha sido combustible

de ciertas proezas que creí imposibles.

El pulido ópalo que mi hoy constituye

queda sin garantías si en mi vida fluyes.

Sin ínfimas dudas por la borda va

si le ocluye paso a nuestra verdad.

Oro que no brilla cuanto brillan tus ojos,

metal maravilla con desdén alojo.

Sé parezco ingrato

no finjo de barato

presumo no caer en clásica coacción

que el demonio vende en compensación

a lo insustituible, lo verídico grato:

Escucharte hablar al menos por un rato.

Si lo impredecible atreve a suceder

frente a los pronósticos del raciocinio

y mi único capricho me llega a conceder

la fuerza magistral dotada del dominio

encontraré la fórmula, método o principio

de concentrar en uno lo que antes doble fuera

 y recorreré en tus pies tus múltiples riberas.

Amar saca de quicio. Poesía

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