V

Así el peso neto pesa en el vacío,

como el sol a las hojas les niega el rocío,

como el niño sueña guiar su albedrío,

no alcanza una excusa esta necedad con la cual te ansío.

Vuelven las jornadas en que estás ausente,

más en mí presente tenlo por seguro.

Acojo obstinado la incierta esperanza

que allá entre tus cejas perdura algo mío.

Mundo descompuesto resume en secuestro,

trozo a digerir de infierno perpetuo.

¡Ya sé! es más bien hastío

no ordinario hastío, careces de idea,

este es el más grueso de los desafíos.

Mirarte, extrañarte, luego imaginarte,

pensante en enfrasco por carnes e instintos;

más tarde citarte, demente rutina

se burla de mí y no consigo hartarme.

Partiendo de ti supongo más libre

¿Y cómo que libre? No tiene sentido

si cuando te pienso fiel preso resulto,

si más te conozco menos lo comprendo.

Absurdo contar con ciertas riquezas:

piel, labios o pecho infinito.

Preciados recursos que en sal se conviertan,

si intento emplearlos sal que no revierta.

Aunque te lo escriba apenas comprendes,

no existen fronteras para yo quererte,

para yo pensarte, para protegerte.

Ya sea mi arma un arco elocuente,

un sinfín de ideas, temor de perderte.

Banales motivos, estos que someten

la más tibia cosa al más frio exilio.

Se alza estropeada aún única pieza

mi autoestima herida, mi ser divertido.

Pero algo serena expecta mi conciencia,

ella es una anciana de muchas vivencias,

quiere que me atreva no estima en clemencias.

Y tú como un ángel, rayo inmaculado,

todo un iracundo sol encarnizado,

golpeas tan fuerte en toque reducido

con tierna sonrisa e intensa mirada

el más terminado en extremo pulido

detalle virtuoso que en esta existencia Dios me ha concedido.

Brotan las palabras, salpican ideas,

mi mano no alcanza aunque reproduzco

tan sólo en segundos inmenso universo.

Y aún agotado surge la energía

cuando ensimismado repito momentos

que en mi pensamiento ocupan sobrados

espacios sagrados que tanto frecuento.

Tú sabes, en estos espacios es donde te encuentro.

Lates bien profundo,

de antes te conozco,

más bien desde siempre,

apuesto hasta siempre.

Te traigo y conservo en mi extrema izquierda,

justo en un costado de la entrada abierta

al trono sagrado de la magia abrupta,

esa que emanaste, la que muchos hurtan.

Poderoso ser tú me has arrancado

la mísera desdicha cual trae animado,

tras disfraz oculto, inherentemente, el sentirse culto.

Amar saca de quicio. Poesía

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