Poesía

La Hora.

Pausa ajena inmaculada
no contempla en escarmiento
dando pie a arrepentimiento
de ciudadela olvidada.

Se fusiona en un tormento
o se relaja aliviada
cuando confiando momento
resulta fin de velada.

Hora que hunde los cimientos
de plan que celos forjaba
con excesos de ornamento
engañando al que anhelaba.

Procura que sin ostento
recupere la añorada
condición de pez contento
que en libertad navegaba

Hora que giró mi tiempo
tiempo que no controlaba
cristal se tornó cemento,
maldita hora arrastraba
mi sueño,  mi juramento.

Hora me abrió en horcajadas.

Hora se volvió un intento
en fallo que repuganaba.

Es la hora del reintento.

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